OBRA DISPONIBLE
Sin Título - Serie Pasión
En 1983, Luis Eduardo Aute levantó un altar pictórico al que llamó Pasión, una serie de cuatro polípticos donde el amor y la pareja se desplegaban como rito sagrado y drama humano. Expuso estas obras primero en la Galería Kreisler Dos de Madrid y después en la Serrallonga de Barcelona, mostrando un universo en el que el nacimiento, la vida y la muertedel vínculo amoroso se entrelazaban con ecos de El Greco y Murillo, la crudeza de Francis Bacon y la energía del cómic y el cine. Era la antesala de Templo, y en ella ya se intuía su empeño por convertir el erotismo en liturgia, la entrega en mística y el cuerpo en icono.


Desgracia Divina - Serie Templo
En 1986-87, Luis Eduardo Aute pintó la serie Templo, un conjunto de grandes óleos que dialogan directamente con su disco y poemario homónimos. En ellos, el cuerpo humano —sobre todo el femenino— aparece convertido en altar, donde la carne y la liturgia se confunden hasta hacer del erotismo una forma de mística. Exhibida en la Galería Kreisler Dos de Madrid, esta serie fue definida por el propio Aute como un “álbum maldito”: un canto apasionado al amor físico y espiritual, donde la misa cristiana se reinterpreta como ceremonia de deseo.
Perlones - Serie Pompas
En la serie Pompas, Luis Eduardo Aute encierra el universo en delicadas esferas, óleos sobre lienzo de forma circular donde la transparencia se convierte en metáfora del instante que nace y muere en un mismo aliento. Cada pompa es un mundo frágil, efímero y perfecto, suspendido en el aire como la respiración de un deseo o el reflejo de un sueño que apenas roza la eternidad antes de desvanecerse. Aquí, la pintura se vuelve celebración de lo transitorio, un juego solemne donde lo ligero se carga de hondura poética y la fugacidad se erige en verdad última.


Sin Título - Serie Pompas
En este óleo circular de la serie Pompas (1990), Luis Eduardo Aute crea una escena hipnótica: una mano desciende sobre el agua y provoca ondas que rodean un rostro suspendido, como un reflejo atrapado. Dos ojos en la base vigilan el misterio, mientras todo se tiñe de azules. Es una imagen donde lo frágil se quiebra y la identidad se multiplica, transformando la superficie en espejo de lo humano.


